El testamento es un acto por el que manifestamos nuestra voluntad sobre cómo deberán repartirse nuestros bienes cuando fallezcamos.

La correcta redacción del mismo es muy importante porque evita múltiples problemas futuros al tiempo que podremos beneficiar a las personas más queridas, siendo necesario contar con el asesoramiento de un abogado experto en herencias y sucesiones, lo que asegurará su validez y que nuestra voluntad sea cumplida en el futuro.

Adentrándonos en el contenido del mismo, el más común entre parejas casadas y con hijos consiste en que los cónyuges se dejen mutuamente el usufructo de sus bienes, designando herederos a los hijos. Con esta clase de testamento, el viudo o viuda podrá continuar residiendo en la vivienda habitual, si bien no podrá venderla sin el consentimiento de los hijos, al tiempo que los hijos no podrán privar de dicho uso al cónyuge viudo.

En el testamento podemos hacer el inventario de bienes y deudas, aunque lo más usual es no relacionarlos en el testamento, siendo posteriormente los herederos los que lo realicen para su reparto. Si resulta más conveniente incluir dicho inventario o no dependerá de cada caso concreto, siendo necesario un estudio detallado de las circunstancias para poder tomar una decisión razonada al respecto.

Por otra parte, debemos tener en cuenta que lo que no podremos es dejar nuestro patrimonio con plena libertad ya que siempre deben ser respetados los derechos de los herederos forzosos o legitimarios. La herencia podríamos entenderla como una tarta que se divide en tres porciones llamadas tercio de legítima, tercio de mejora y tercio de libre disposición.

En concreto la legítima es el tercio de la herencia que forzosamente irá a los herederos forzosos, es decir, a los descendientes del fallecido, a los ascendientes y al cónyuge respectivamente y por este orden.

Si nos detenemos en la legítima, en la mayoría del territorio nacional, a excepción de Aragón, Baleares, Cataluña, País Vasco, Galicia y Navarra, los hijos y descendientes tienen derecho a 2/3 partes de la herencia, es decir al tercio de legítima estricta que se reparte a su vez por partes iguales en cualquier caso, y al tercio de mejora, que puede ser repartido entre los herederos forzosos libremente por el testador, beneficiando a los que entienda oportuno. En cuanto al cónyuge, le corresponde 1/3 de la herencia en usufructo si existen hijos; si existen descendientes a la mitad de la herencia en usufructo o bien a 2/3 en usufructo, en caso de que no haya ascendientes ni descendientes.

Por su parte, los ascendientes, en caso de que no existiesen descendientes tendrán derecho a la mitad de la herencia o a una tercera parte en caso de que exista un cónyuge viudo.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR